Un poco de sentido común, comparar, comprobar y no dejarse llevar en exceso por la ilusión, puede evitarnos que compremos un coche que nunca podamos homologar, sea inseguro para sus ocupantes y el resto de usuarios de la vía pública, o en el peor de los casos, nunca haya existido o la empresa que le aseguraba que lo podía hacer desaparezca o no sea capaz de llevarlo acabo como prometió.